Detectores de presencia: calibrado sensibilidad-autonomía según uso
Tres compromisos técnicos que condicionan del 15 al 25% del consumo
Un detector mal calibrado genera un sobreconsumo significativo: la norma NF EN 12464-1 fija los niveles de iluminancia, no las temporizaciones, y es precisamente ahí donde se producen las desviaciones energéticas más habituales. En nuestras obras, las mediciones posteriores a la entrega revelan con frecuencia que las instalaciones estándar rinden por debajo de las previsiones iniciales. La causa rara vez está en el material, sino más bien en las hipótesis de ocupación teóricas que sustituyen a los flujos reales. Tres compromisos técnicos condicionan el rendimiento: sensibilidad frente a estabilidad, autonomía de temporización frente a capacidad de respuesta de uso, y granularidad de zonificación frente a coste de integración. Esta página detalla la metodología de auditoría de comportamiento de Kytom en cuatro fases, los errores de dimensionado más frecuentes y el proceso de commissioning que garantiza la aceptación del usuario a lo largo del tiempo.
La norma aplicable define las prescripciones de iluminación de los edificios por uso (oficinas, escuelas, hospitales) y fija los niveles de iluminancia requeridos: 500 lux en el puesto de trabajo, 300 lux en zonas de circulación, 200 lux en zonas de tránsito. Estos valores orientan el compromiso entre las tres dimensiones mencionadas.
Cuatro errores de dimensionado observados en los proyectos recuperados
Los diagnósticos realizados en instalaciones existentes revelan cuatro errores recurrentes que comprometen el rendimiento energético.
- Dimensionar según las superficies, no según los flujos. Una zona de 50 m² poco frecuentada no requiere la misma estrategia que un espacio equivalente con mucho tránsito. Las normativas reglamentarias establecen un mínimo de 10 m² por persona en oficina individual o colectiva: este umbral sirve como punto de partida, nunca como regla final.
- Descuidar las interferencias de climatización. Los detectores de infrarrojos pasivos pierden fiabilidad a menos de 1,50 m de una boca de impulsión, generando zonas ciegas.
- Omitir la luz natural. Los detectores que activan la iluminación artificial en pleno día cerca de los ventanales pueden anular una parte significativa de la ganancia energética teórica.
- Subestimar el impacto del mobiliario. Tabiques móviles, pantallas acústicas y vegetación modifican las zonas de cobertura tras la entrega.
La buena práctica consiste en realizar una auditoría de comportamiento antes del dimensionado y, a continuación, prever una partida de ajuste posterior a la mudanza presupuestada desde el DCE.
Para el arquitecto y el luminotécnico: incorporar el commissioning al DCE
La detección de presencia se trata con demasiada frecuencia en los DCE como una prestación de suministro e instalación, sin una fase de calibrado posterior a la entrega presupuestada. Esta omisión desplaza la responsabilidad hacia la propiedad explotadora, que constata las desviaciones varios meses después sin palanca contractual.
La integración arquitectónica impone tres decisiones que hay que cerrar en la fase APD/PRO, antes de que la trama de iluminación quede fijada:
- Coherencia entre trama de iluminación y trama de detección. Una trama de iluminación de 1,35 x 1,35 m ajustada al módulo del falso techo no coincide con una trama de detección óptima (de 3 a 6 m de alcance según la altura libre). El compromiso debe plantearse en APD, no en EXE.
- Provisionar el commissioning en el CCTP. Incluir en el CCTP del lote de iluminación una partida dedicada al ajuste posterior a la entrega durante 3 a 4 semanas, con entregable medido (mediciones de consumo antes/después). Sin esta línea, el calibrado fino no tiene soporte contractual.
- Articulación entre niveles de iluminancia y estrategia de detección. Las normativas fijan los niveles de iluminancia objetivo (500 lux en puesto, 300 lux en circulación), no los umbrales de detección ni las temporizaciones. La coherencia entre el nivel objetivo y la estrategia de detección corresponde al pliego de condiciones del luminotécnico, y debe figurar en la memoria de cálculo lumínico.
El proceso de integración de Kytom sigue después cuatro fases secuenciadas, validadas en las obras design and build.
Fase 1: auditoría de flujos. Recuentos in situ o explotación de los datos de control de accesos para cartografiar las densidades de ocupación por zona e identificar los picos horarios. Este análisis revela con frecuencia diferencias significativas entre las hipótesis iniciales del programa y los flujos realmente medidos in situ.
Fase 2: definición de la zonificación. Correlación de los flujos reales, las restricciones arquitectónicas y las interfaces técnicas (climatización, aporte solar, iluminación de tarea).
Fase 3: parametrización diferenciada. La tabla siguiente resume las temporizaciones recomendadas según la tipología de espacio.
| Tipología de espacio | Temporización | Nivel objetivo |
|---|---|---|
| Circulaciones, aseos | 90 a 120 s | 100 a 200 lux |
| Puestos de trabajo | 5 a 8 min | 500 lux |
| Salas de reuniones | 12 a 15 min | 500 lux |
| Locales técnicos | 3 a 5 min | 200 lux |
Fase 4: commissioning de comportamiento. Ajustes durante 3 a 4 semanas tras la entrega, basados en las mediciones de consumo y los comentarios de los usuarios.
Preguntas frecuentes
¿Qué tecnología de detector elegir entre infrarrojos, ultrasonidos y doble tecnología?
En los lotes de iluminación instrumentados por Kytom, el infrarrojo pasivo simple cubre la mayoría de las configuraciones terciarias habituales. La doble tecnología solo justifica su sobrecoste en la partida de detección en algunos casos concretos: salas de reuniones con ocupantes estáticos, aseos con cabinas cerradas, espacios con mobiliario que obstruye las líneas de visión, locales sometidos a variaciones térmicas importantes.